Ruta alternativa: cuando el aeropuerto ya no es una opción
Con el aumento de la presencia de ICE en los aeropuertos y a lo largo de otras rutas, viajar requiere una planificación adicional.
Ilustración por Shane Tolentino
Por Noma Lee
Este artículo fue coproducido con The Chicago Reader.
Viajar es una de esas actividades que suelen sentirse enriquecedoras.
Por eso, hace unos meses, mi pareja y yo empezamos a planear un viaje a San Francisco: conocer la Bay Area, hacer catas de vino en Napa, ver las secuoyas y recorrer el Golden Gate. Lo teníamos casi todo pensado.
Hasta que, a finales de marzo de este año, los agentes de inmigración empezaron a aparecer en algunos de los aeropuertos más importantes del país.
Para muchos inmigrantes, la idea de pasar por un aeropuerto comenzó a sentirse distinta. A partir del 7 de mayo de 2025, la ley REAL ID entró en vigor en los puntos de control de la TSA en todo el país, lo que significa que los viajeros necesitan una licencia que cumpla con los requisitos del REAL ID, un pasaporte u otro documento aprobado a nivel federal para abordar un vuelo doméstico.
Quienes no cuenten con un documento válido pueden pagar una tarifa de $45 a través de TSA Confirm ID — pero el proceso puede tardar hasta 30 minutos y no garantiza el abordaje. Para las personas indocumentadas, que no son elegibles para obtener un REAL ID, esto se convirtió en una razón más para pensarlo dos veces antes de volar.
En ese momento, todavía no había comprado los boletos; pero debo admitir que la idea de ir al aeropuerto a jugar la lotería de quién quiere ser detenido no era mi mejor plan.
Al final, mi viaje por la Bay Area se convirtió en un recorrido en tren hacia Nueva Orleans.
Para quienes deciden evitar los aeropuertos, las opciones más comunes son el autobús, el tren y el carro. Cada una es una experiencia distinta, en costo, tiempo y en lo que significa moverse por el país.
Aunque viajar por tierra puede aliviar parte de la tensión que muchos inmigrantes sienten en un aeropuerto, ninguna de estas opciones está completamente libre de controles o encuentros con la autoridad.
En carretera, existen retenes y puntos de inspección operados por U.S. Customs and Border Protection (CBP). Algunos son permanentes, ubicados en autopistas clave del sur y la costa oeste del país. Pero también existen puntos tácticos—temporales, sin aviso previo—que pueden aparecer en cualquier ruta dentro de un área que el gobierno federal denomina "zona de las 100 millas." Esto incluye cualquier lugar ubicado a menos de cien millas (160 kilómetros) de la frontera con México, Canadá o cualquier costa del país.
Lo que muchos desconocen es cuánto territorio abarca esa franja. Chicago, Nueva York, Los Ángeles, Houston y Miami quedan dentro de ese rango. Según la ACLU, dos tercios de la población de Estados Unidos vive en esta zona—lo que significa que un punto táctico puede aparecer en cualquier lugar.
En rutas de autobús y tren, la dinámica es distinta pero el riesgo existe. Estas rutas no suelen tener presencia regular de ICE o CBP—pero eso no significa que no pueda ocurrir un encuentro, especialmente en regiones dentro de esa franja. Lo más recomendable es informarse sobre las políticas de aplicación de la ley migratoria en cada ciudad y estado antes de viajar, según Immigrants Rising, una organización sin fines de lucro que ofrece recursos, apoyo legal y orientación profesional a jóvenes indocumentados.
La presencia de autoridades migratorias en rutas terrestres no es ninguna novedad, de hecho, en 2020 la empresa Greyhound anunció que los cuerpos de seguridad migratoria necesitan una orden judicial para abordar sus autobuses.
Esto sucede tras la documentación de casos sistemáticos de revisiones sin orden judicial en rutas de Greyhound,registrados por la ACLU en varios estados del país.
Esta política aún sigue vigente, y está publicada en su sitio web actualmente: Greyhound no da consentimiento para que agentes de DHS, CBP o ICE aborden sus autobuses sin una orden judicial por escrito. Además, cualquier solicitud verbal de acceso debe ser documentada.
Este medio también contactó al equipo de prensa de Greyhound, Amtrak y FlixBus para solicitar declaraciones adicionales.
Aunque estos escenarios no ocurren en cada viaje ni en todas las rutas, sí forman parte de las preocupaciones que muchas familias inmigrantes consideran al momento de decidir cómo moverse dentro de Estados Unidos. A continuación, algunos aspectos a tener en cuenta—desde la comodidad hasta lo práctico—al momento de planificar tu viaje.
Autobús: la opción más accesible
Empresas como Greyhound y FlixBus conectan Illinois con ciudades en todo el país—e incluso ofrecen rutas hacia Canadá y México—lo que convierte al autobús en una de las opciones más accesibles para el transporte terrestre. Las tarifas varían según la distancia, la temporada y con cuánta anticipación se compre el boleto.
Los boletos de ida para viajes regionales dentro del Medio Oeste pueden oscilar entre $15 y $100; las rutas hacia el sur o la costa este pueden variar entre $120 y $350; los viajes más largos hacia la costa oeste y las rutas internacionales pueden rondar entre $150 y $400.
Esta opción, aunque suele sentirse menos intimidante que un aeropuerto en cuanto a controles de seguridad, también implica largos períodos de tiempo sentado y una dependencia total de rutas, escalas y terminales.
Tren: más espacio, más comodidad
Esta opción, aunque suele sentirse menos intimidante que un aeropuerto en cuanto a controles de seguridad, también implica largos períodos de tiempo sentado y una dependencia total de rutas, escalas y terminales.
Aunque comparte características con el autobús, como las paradas y los trayectos largos, el tren ofrece una dinámica muy distinta.
Las rutas de Amtrak conectan Illinois con ciudades en el Midwest, la costa este, el sur y parte de la costa oeste. Algunas rutas de larga distancia pueden extenderse por varios días, cruzar múltiples estados y llegar hasta algunas ciudades en Canadá.
Los boletos suelen ser más costosos que los del autobús, especialmente en trayectos largos o cuando se reservan con poca anticipación. Los precios de ida incluyen: viajes regionales dentro del Midwest pueden costar entre $40 y $240; las rutas hacia el sur o la costa este suelen variar entre $150 y $350; los viajes de larga distancia hacia la costa oeste pueden superar los $400. Las habitaciones privadas o camarotes pueden variar entre $900 y $1,700 dependiendo de la ruta y la temporada.
Parte del costo también se refleja en las comodidades: los asientos son más amplios, algunos camarotes incluyen camas convertibles y servicio de comida y bebidas. En rutas largas, Amtrak ofrece duchas en ciertos compartimentos privados.
Automóvil: flexibilidad sobre la ruta
Para muchas personas, viajar en carro ofrece algo que el autobús y el tren no pueden garantizar: flexibilidad.
No depender de horarios, estaciones o rutas fijas permite decidir cuándo salir, dónde detenerse y cuánto tiempo pasar en carretera. Es una opción que puede resultar más económica para familias o grupos grandes que dividen los gastos.
Sin embargo, esa flexibilidad también cambia la dinámica del trayecto. En viajes largos, manejar implica pasar varias horas consecutivas en carretera, planificar descansos y calcular gastos adicionales como gasolina, peajes, comida y alojamiento. En cuanto a costos, es importante tener en cuenta que los precios de la gasolina regular varían por región y estado, y están al alza.
Los hoteles y moteles también representan una parte importante del presupuesto, y los precios varían considerablemente según la ciudad, la temporada y con cuánta anticipación se reserve. Sitios como Booking.com o Expedia pueden darte un estimado en tiempo real para tu ruta específica.
Para algunos, manejar representa una sensación de mayor privacidad y control. Pero las largas horas al volante, el cansancio, y la atención constante hacen de la carretera una experiencia completamente distinta, y eso también forma parte del cálculo.
Identificación: lo que sí y lo que no te pueden pedir
Es importante tomar en cuenta que las empresas mencionadas en este artículo no exigen documentos migratorios para adquirir boletos. Sin embargo, si viajas fuera de los límites de la ciudad, necesitas un documento de identidad válido con fotografía — ya sea para abordar o para confirmar que tu nombre coincide con el del boleto.
Para quienes no cuentan con un estatus migratorio regular, existen otros formatos válidos para estas circunstancias, como una matrícula consular, un pasaporte extranjero vigente, o una licencia de conducir estatal—en Illinois, por ejemplo, es posible obtenerla sin necesidad de un número de Seguro Social ni estatus migratorio regular.
Es importante saber que si un agente de inmigración aborda el tren o el autobús, los pasajeros tienen derechos que vale la pena conocer.
¿Y valió la pena?
Sí, mi viaje terminó siendo toda una revelación. Nueva Orleans valió cada una de las 20 horas en el tren. La verdad es que lo había subestimado por completo, pero me ganó desde el primer momento y me fui con ganas de volver. La comida es de otro mundo, el arte y la música envuelven cada esquina, y la gente es increíble.
Si algo aprendí, es que viajar en tren de larga distancia es su propio mundo. Conviene ir preparado para esos momentos donde el cuerpo no soporta el asiento ni un minuto más, o cuando luchas por no caerte en el baño que está en constante movimiento.
Antes de tomar cualquier decisión, vale la pena tomarse un momento para reflexionar y hacer los cálculos reales—no solo el precio del boleto, sino el tiempo total del trayecto, lo que implica estar horas en carretera o en una terminal, los posibles riesgos, y qué tan preparado vas para todo eso.
Cada opción tiene su lógica dependiendo de a dónde vayas, con quién viajas, y cuánto tiempo tengas. Lo que funciona para un viaje regional no necesariamente funciona para cruzar varios estados.
Este artículo no pretende decirte cómo viajar, sino ofrecerte opciones para que puedas tomar decisiones informadas. En definitiva, el mejor viaje es el que se hace con tranquilidad.
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*Noma Lee es reportera de Cicero Independiente y cubre a nuestra comunidad multigeneracional e inmigrante en Cicero y Berwyn. Es una periodista venezolana cuyo trabajo explora la migración, la cultura y las historias de la comunidad, con un enfoque en las comunidades inmigrantes del Medio Oeste de Estados Unidos.
*Noma Lee es un seudónimo utilizado para proteger y mantener la seguridad de nuestra reportera.
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